ACTO DE INAUGURACIÓN DE LA TORRE DE TELEGRAFÍA: 16 de octubre de 2009

Texto: Julio Cerdá y Eva Aguado

Actor: Francisco Vidal

[desde dentro] Déjenme entrar, déjenme... 

¡Pero cómo que le muestre la invitación!¿no me reconoce? Pero joven...¿no ha estudiado usted historia en el colegio?

[Entra al escenario]

Muy buenos días... [bajando hacia el público] Señor Alcalde, encantado de saludarle, [sube al escenario] permitan que me presente, que algunos despistados parecen no reconocerme [mirando hacia la puerta por donde ha salido].

José María Mathé Arangua. Coronel de Estado Mayor del Ejército. Gran Cruz de la Real Orden Americana del Isabel la Católica. Comendador de número de la Real y distinguida Orden de Carlos III y de la de Santiago y Espada de Protugal. Caballero Cruz y Placa de la Real Militar Orden de San Hermenegildo, de las de tercera y primera clase de San Fernando. Brigadier de Estado Mayo del Ejército, entre otras cosas. Y lo que aquí me convoca, Director General de Telégrafos de 1845 a 1865

Resumiendo, el feje de todos estos señores [señalando a los telegrafistas], incluido el que ha hablado primero, Olivé creo haber escuchado que se llama, Presidente de los Torreros, bueno telegrafistas, lo mismo tiene; y lo más importante, soy el máximo responsable de este invento, la Torre de Telegrafía Óptica [en pantalla imagen torre].

Por cierto, según venía por el Camino de valencia, pasada la cuesta de Perales a la derecha, ¿...Qué son esos platos gigantes que han plantado ahí mirando al cielo? ¿no utilizaran esos artilugios para comunicarse? ¡Necesitarán un batallón de torreros para mover eso!, ¡y más ahora con la manía que tienen ustedes de estar todo el día mandando mensajes!. Sí, eso, ¿como los llaman?, "ese...meeee...meeee..ese".

No se confundan, esos mensajitos abreviados con lo que se comunican los jóvenes son un invento mío, los códigos cifrados. Nada menos que 9999 mensajes elaborados con sólo 20 posiciones de un "aparatejo" que se encontraba en lo alto de la torre.

Y con esos 9999, ni uno mas, nos contábamos todo: que si el preso fugado -que nadie era capaz de encontrar- tenía 6 dedos en la mano derecha o cuatro cicatrices en el cogote, que si va a caer pedrisco...u ¡ojo!... información de interés nacional, lo que ahora llaman prensa rosa: que si el Rey comía, que si no comía, que si el país andaba de cabeza porque el Rey lleva dos días, o más, sin ir al baño... 

 

 

¡Fíjense ustedes si éramos pelotas!, porque un poco pelotas sí que éramos, las cosas hay que decirlas. Inventamos el telégrafo. Estamos allí todos más contentos que unas pascuas y le digo a mi segundo, ¿Atienza...proceda!...y me dice...mi Brigadier...y...¿qué mensaje envío a valencia?, y mira por donde, era 30 de agosto, San Ramón, onomástica del Presidente Narváez... y el primer mensaje fue: "Felicidades Presidente". ¡Que casualidad! y el siguiene mensaje...otra bendita casualidad..., otra cuestión de estado, 9 de octubre: "Felicidades Isabel", era el cumpleaños de su augusta majestad Isabel II.En cualquier caso, hay que decirlo, claro, entre nosotros, ¡qué mal se lo hicimos pasar a los torreros!, no hay palabras...,todas las condecoraciones serían pocas. Mas de 200 torres repartidas por toda España, de Cádiz a Irún. De Madrid a Barcelona. Me dijeron: José María, tienes que poner a Valencia a la distancia que está Vallecas. Y lo cierto es que lo conseguimos, pero ojo...un mensaje, cuando todo se daba bien, solo tardaba 30 miutos en llegar a Valencia, y antes eran tres días de un hombre a caballo y con una de las paradas aquí al lado...en la Casa de Postas.Y claro, todas estas torres con sus abnegados torreros, que bien se ganaban su corto salario. Y el que se descuidaba...cada vez mas corto. Cada error o cada minuto de retraso tijeretazo al sueldo. Pobrecillos, aislados, sin compañeros, sin poder tener trato con la gente del pueblo, y por supuesto, sin poder recibir visitas en la torre, de ningún tipo. Aunque...¡la que se lió con lo del torrero de Uclés!, en el camino de Valencia. Allí dio a luz su prima, en la misma torre, bueno...decía que era su prima...y claro, no quedó mas remedio que mandar al torrero, a la prima y al torrerito recien nacido a su casa.Pero mucho peor fue el caso de Heliododo Riaza, que me abandona la torre por un mal - o un bien...- de amores y es su propia mujer, una saaaanta, la que va corriendo y se hace cargo de la manivela, y venga a transmitir mensajes, mensaje va mensaje viene, cubriéndole las espaldas a su marido para que yo no me entere, porque si me enterooooo...La verdad, es que los torreros era una pobre gente, trabajaban como el que más y cobraban como el que menos, y además, debo reconocerlo, más de uno dejó su vida en ello. Pobrecillo el compañero de Fuentidueña de Tajo, aunque, que mejor muerte para un torrero que morir pegado al catalejo, y cumpliendo a rajatabla el reglamento, siempre vigilante, siempre atento, caigan rayos o truenos. Y le cayó, ¡vaya si le cayó!, pedazo de rayo que lo fulminó, pobre muchacho... que ya es mala suerte, que entre el rayo por el catalejo y lo deje frito, pegado al taburete.Y qué me decís, de su vecino, el torrero de Perales, aquí al lado, ese no esperó a que le cayera ningún rayo, directamente cogió una soga la echó a la viga y ya sabéis, ¡pero que ocurrencia!, hacerlo al lado de la ventana, ¿no había mejor sitio? ¿y que hacen sus compañeros al verlo por el catalejo?... repetir el mensaje, acatando el reglamento..., pero por Dios, casi me quedo sin torreros en la línea de Valencia...menos mal que se cruzó un nublao a la altura de rivas.Pero esto son viejas historias. El invento, mi invento, era perfecto. bueno...perfecto...perfecto... Tenía errores. Pequeñiiiiiisimos errores, cosillas sin importancia: un indulto que llega tarde, con el final que todos se pueden imaginar... o aquel leve incidente de la casa Real. Aunque pensándolo bien, de leve nada, ¡la que liamos!, todas las iglesias de Madrid volteando las campanas, corría el vino de Arganda por las tabernas, la gente en la calle celebrando...que por fin había nacido el heredero...y mientras la infanta en Vitoria daba el pecho a una hermosa niña, y todo este marrón...por un urgencia a destiempo..., no coge el señor torrero de Burgos y para evacuar aguas menores a las tres de la mañana enciende el farol de aceite, la señal convenida para anunciar el alumbramiento de un varón, pero ¡que se quería ver ese señor!..., no había acabado de mear y ya estaban celebrándolo en la corte.En fin, pero pronto me chafaron el invento. No habíamos terminado la línea de Cadiz cuando ya me dijeron : ¡José María coge el cable!, el cable eléctrico. Pero yo me adapté, me reciclé, como se dice ahora, y aguanté 20 años como Director General de Telégrafos -eléctricos-, y además, pude colocar a mis torreros, bueno...a los que me sobrevivieron.Basta de tanta palabrería. Fueron siete años que darían para siete horas de anécdotas...Y como todavía soy director General de Telégrafos, torreros, autoridades, vecinos de Arganda, que tengo ganas de ver cómo me han dejado la torre [aplausos]Vamos saliendo. Por cierto, me han dicho dos señoritas que nos dirijamos ordenadamente hacía dos coches de caballos, no perdón, hacía los autobuses, como ustedes lo llaman ahora.Síganme.Alcalde, usted aquí conmigo.[los acompaña hasta el autobús y se despide] suban, suban, que yo prefiero ir a caballo.