Gregorio Antoñanzas Sanz (Arganda del Rey, 1916-2009)

Entrevista realizada en mayo de 2002

Agricultor

   

 

 

Yo nací el 17 de Septiembre de 1916 a las dos y treinta de la mañana en la C/ de la Calzada, nº 68 (hoy C/ Real), de Arganda del Rey. Mi mujer el 6 de Octubre del mismo año. Cuando éramos pequeños, tendríamos tres o cuatro años, nos mandaron al colegio. Íbamos a un colegio que se llamaba de las monjas, "Siervas de San José", que está al final de la calle Libertad, que ahora hay un bloque de casas que da a la calle Carretas. Allí estaba el colegio e íbamos allí a los párvulos. Había una barandilla que dividía el colegio entre los niños y las niñas. Allí estábamos hasta que se pasaba al colegio.

¿Qué maestros había entonces?

Estaba Doña Remedios, que estaba donde está Hacienda. El colegio arriba y la cárcel abajo, con el carcelero que era el alguacil también del Ayuntamiento. Luego había el colegio de Don Francisco, que estaba donde está ahora el mercado. Eso eran dos colegios, o tres mejor dicho, uno de Don Francisco, luego su hijo Don Román, y otro que estaba donde está la entrada a la biblioteca, era un colegio de niñas.                                                                                                                                                                                                 

 

¿Eran colegios privados?

No, no eran colegios como decíamos "del Ayuntamiento". En el de las monjas pagamos 3 pesetas al mes y luego cuando pasábamos ya a otra clase eran 5 pesetas al mes. Pero claro ahí ya enseñaban a las muchachas labores, era de lo que vivían las monjas.   

                                                                                                                                             

Usted se acuerda de un libro donde los alumnos iban escribiendo, era un cuaderno que tenía el maestro?

Teníamos el "Catón", que era para escribir las letras e ir juntándolas. Luego ya se pasaba casi a una enciclopedia, y ahí tenías de todo. Tenías gramática, aritmética, geografía, y el que sabía eso, y escribir, era una lumbrera.                                                              

                                                                                                                                            

    

¿Eran duros los maestros?

Pues hombre entonces sí, castigaban y algunas veces se escapaba algún punterazo.                                                                                                                                                   

 

¿Era habitual que pudieran ir todos los días al colegio, o había que ir al campo?

No, el que iba al colegio, iba todos los días. Ahora, había otros niños que no iban. Los que iban a trabajar, esos casi no iban al colegio. En el invierno había unas clases nocturnas. Los que iban al campo a ayudar a los padres a recoger los sarmientos que se podaban de la cepa, luego iban a clases nocturnas, me parece que eran gratis. Yo me acuerdo de Don Román, Don Francisco, y de Don Dámaso que fue con el último que fui yo al colegio, cuando faltó Don Francisco.                                                                                               

 
 

¿Qué bodegas había en Arganda?

Pues en casi cada casa había una bodega. Las más grandes que había eran las de "Juanita Sánchez", la de Juan Manuel Sánchez, también "el Santo" que estaba donde está ahora el aparcamiento. Luego pues en muchas casas había. Donde vivíamos nosotros había dos bodegas, aquí había otra, el señor Placido... Muchas bodegas, en todos sitios.

 
 

¿Ese vino lo compraba gente que venía de Madrid?

El vino lo compraban luego los arrieros. La mayoría venía a comprar vino de Segovia, el célebre "Cándido". Aquí venía, de chiquito ese, Cándido, con su padre a comprar vino. Con una mula de carga se llevaba el vino en pellejos hasta Segovia. Se llevaban vino también a Asturias a Trubia, barriles grandes de  50 o 60 arrobas.                

                                                                                                                                   

  

 

¿Qué diferencia hay entre el vino de ahora y el vino de entonces?

Pues... que era mejor el de antes. Porque el vino de ahora, las cepas que hay están hechas en terrenos, que sí que producen más, pero tienen menos grado. Sin embargo, entonces, había muy poquitos cerros, los llamaban "cerros concejiles". Todos esos cerros que ve usted ahora por ahí, eran viñas. Esas viñas eran las que llevaban grado. Porque tenían unas praderas de los que la uva blanca venía con 14 y 15 grados, y el tinto con 17 y 18. Luego había unas fincas de riego, como Valdocarros. Desde el paso a nivel, la primera viña que había era nuestra. Había cepas que llevaban 50 o 60 kilos pero venían con 8 o 10 grados. ¿Y qué se hacía? Al día siguiente si entraba de esa uva, en el lagar del Alcázar, se mezclaba con uva del cerro que venía con bastante grado. Se venía dejando el vino con 16, 17 y 18 grados, sin alcohol. El último año que hicimos vino con mi hermano, allí en la bodega, donde estaba el colegio la Milagrosa. Como mi hermano era médico, hicimos aquí los médicos. Junto con un ingeniero que se llamaba Marcilla (que tenía un libro), y cada tinaja tenía su croquis, como un enfermo, con el grado y la temperatura. Todos los días se tomaba la temperatura y el grado, cuando estaba fermentando. Se veía cómo subía la temperatura, en el gráfico en rojo, y el grado cuando bajaba en negro, que bajaba hasta que se quedaba en 0. Y subía mucho la temperatura, mi hermano decía: "mira, es igual que un enfermo, como tenga 30 grados, ¿es mucho!" Si sube tantos grados, es peligroso, se puede parar la fermentación y entonces se te queda el vino agridulce. Para evitar eso, se metía una bolsita de metadisulfito (que es parecido al azufre) atada en  una cuerdecita, y con eso la fermentación iba más lenta. Otro de los detalles de las tinajas es que cuando estaba fermentando, siempre se le dejaba un vacío así de alto, como 20 o 30 arrobas, porque claro cuando empieza a fermentar sube, y hay veces las tinajas se salen, y para que no se saliera el mosto, se les daba jabón alrededor de la boca. Con eso, no se salía el mosto. Para hundir eso había lo que aquí llamaban "mecedores", eran batidoras con un palo como de dos o tres metros, y una arandela de maderas redonda, con eso se empujaba todos los días un par de veces, por la mañana y por la noche, para que la casca no se resecara y se agriara. Se removía todos los días. Así se hacía el vino. Nosotros cuando el vino estaba a 0, le "sacábamos de la madre" como se decía, y se quedaba sólo el vino, sin madre ni nada. El vino se quedaba más fino. Decían aquí de tomar un vinito con la casca y la madre, y parecía que tenía gas. Pero es que ese gas se le iba quitando, y claro se quedaba fino. Me acuerdo de un día que vino uno cuando estábamos trasegando, y ... "¿Hala vamos a tomarnos un vinito!". Había costumbre de algunos, que se llevaban una raspita de bacalao y se iban a tomar al cocedero un vinito de casa del tío fulano o mengano... En fin, este día fueron unos, y yo les dije: - "Bebed lo que queráis" Se bebieron un vaso de vino y les pregunté: -"qué tal está? Y uno se quedo así como diciendo que estaba flojito, el tío ¿se estaba bebiendo en vino de 17 grados!. Pero a los dos minutos se bebe otro y dice: - "tenéis lumbre aquí en el cocedero, tenéis calefacción?" - "¿la calefacción es la que te has metido tu en el estómago, que , que te estás bebiendo un vino de 17 grados y no lo notas!. Ahora ya lo estás empezando a notar!" - "Es que pasa muy suave!" - "claro que pasa, como que está hecho a posta eso, que sea fino, no con la aspereza." Aquel vino lo tuvimos en el cocedero todo el año, tapado con un papel fuerte y así se vendió. El vino lo hacían antiguamente en los cerros.                                                                                                                                              

¿Para la vendimia, venía mucha gente de fuera?

En la vendimia venía mucha gente de Illana, de la parte de Guadalajara, del Pozo de Guadalajara, de Almoguera, de Estremera, de por ahí venía mucha gente. Había gente que venía de Madrid y de Vicálvaro. Era como una feria, porque iba todo el pueblo al campo, más todos los que venían, y claro pues el medio de locomoción eran los burros. Aquí el atardecer, era una feria. En la plaza ponían los puestos con unos sacos en el suelo, y se ponían los pimientos, los tomates, en fin todas las cosas que se vendían, y entonces venían los vendimiadores. A las cuatro de la tarde ya estaban aquí, pero es que se iban de noche. Y ya de paso se venían a hacer la compra. Luego en las casas se les hacía por la noche la comida, la cena, unas patatas guisadas con un poco de bacalao o con cualquier cosilla, pan y vino. Se quedaban a dormir en los pajares o en algunas habitaciones, en sacos de paja. Venían matrimonios también. La vendimia se hacía con carros y a cargas. Un animal con dos cestos, uno a cada lado. Donde no podían ir los carros porque eran veredas "de herradura" que se llamaban, a esas veredas iban con las cargas.                                                                                                  

No. Como iban cada uno a su casa, pues no se pesaba. Nada más que se volcaba y se molía.                                                                                                                                                                                                                                                                                   

Las uvas las pisaban las pisadoras, luego pues con la viga y la prensa. Con una palanca, entonces eléctrico no había nada. La viga de la piedra, era dándole vueltas para subir el tornillo, y la viga bajaba, tenía el retranqueo, las vírgenes, las espadas. Las vírgenes eran las que estaban detrás para hacer el retranqueo. Luego las trancas que iban encima del cubeto. Las espadas son otras tranquitas que había con dos palos arriba, que sujetaban, para que si subía o bajaba la viga on la piedra hiciera balanza. Cada uno tenía su nombre. Nosotros teníamos una máquina pisadora, que tenía abajo un eje con unas aspas. Se le metía una zaranda de cobre, con unos agujeros como del tamaño de un duro antiguo. Eso se utilizaba para el vino tinto, para molerlo y hacer la madre, porque sino es más ácido. Con las aspas salían escobajos por un lado, y lo molido salía por los agujeros, y así se limpiaba.                                                                                                                      

                                                                                                                                        

 

 

 

 Del lagar bajaba el mosto...

De ahí el mosto escurría a un "tirillo" o foso, y se ponía una bomba de cobre, con una palanca y con una bola de madera con estopa para que ajustara, y luego salía otro tubito que era por donde al hacer la presión salía a un cajón que a su vez iba por canales de madera a las tinajas. Esa era la forma de hacer mosto. Antes de haber bomba, la Java u otras máquinas de ruedas, se hacía así. Lo más primitivo era sacarlo con cubos. Luego se dividía. Se tapaba un canalón con un trapo, y se iba a otra tinaja, hasta que se llenaba, se tapaba esa y a otra.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   

 

 ¿Olía muy fuerte?

Cuando estaba fermentando, mientras tanto no. A mi me gustaba meter la nariz, hasta que aguantaba, hasta que subía el picorcillo por la nariz, y ya para atrás. Ha habido quien se atufó. Sobre todo al sacar la madre, siempre había que meterse en la tinaja para sacar la madre, y siempre en prevención se metía un candil y si se apagaba, no se metía nadie porque había peligro. Cuando no se apagaba, entonces se podía pasar. Eso era el tufo, un gas carbónico. En la madrugada, se solía pasar por el cocedero a dar una vuelta al lagar. Entonces se abría la puerta del cocedero. Igual que se abría la puerta del toril. Había que abrir porque ¡salía un tufo que para qué! ¡No había quien entrara! Era todo lo contrario a lo que mandan ahora, que esté fermentando y con ventilación. Porque precisamente, estando todo cerrado se ahoga el aire y es cuando puede venir un parón. Se hacía por intuición. Había quien se le paraba alguna tinaja, pero era por eso, es que no sabían que había que abrir. Un año se enseñó aquí a cuidar las cepas. Heló el 27 de Mayo, hizo época, pero se helaron las puntas de los almendros. Aquello les enseñó que se debían despuntar las cepas para que el racimo cuajara mejor, y desde entonces se despuntan las cepas. Se despuntan como 15 o 20 centímetros, con una barita fina y ¡venga a darle palos!. Con la barita va despuntando divinamente, y cuando cuaja la uva lo hace mejor. Hay también otra forma, se llama la poda en verde. Cuando se ha despuntado, luego sale por las yemas un caballito, ese se quita, y entonces el sarmiento engorda, no crece, pero el racimo también. Otra cosa de Marcilla, del libro, era: se decía que despojar las cepas era bueno, ¡pues no, era malo!, y Marcilla te lo decía. Nosotros hicimos la prueba con una viña de riego.                                                                                                                 

  

 El señor Marcilla vino a Arganda a dar varios cursos durante la República, ¿Se acuerda?

Yo entonces era muy chiquitajo, y no iba. Pero sí sé que vino a darlos. Bueno pues de deshojar media viña, que se deshoja un poco más arriba del racimo, a no deshojar, a la hora de hacer la recolección y de mirar el grado que tenía, daba un grado más lo que estaba sin deshojar que los deshojado. Lo que se decía era que a lo deshojado le daba el sol y parecía que estaba más retostado, que estaba más mugado, ¡mentira, estaba más duro! Y el otro, estaba más verde y más gorda la uva y más sazonada. Porque si quitas a tu mano los dedos, mal vas. Pues si le quitas al racimo las hojas, que son las que le producen el almidón a la uva, pues la has matado. Esa era la explicación de Marcilla. El enseñó a hacer muchas cosas.                                                                              

                                                                                                                                         

Pues no se donde los daría, en alguna bodega supongo. Pero yo empecé a ir al campo a los 14 años. Un par de años antes de la Guerra.                                            

                                                                                                                                         

   

  No hemos hablado del ocio, del tiempo libre. ¿Las fuentes eran un lugar de encuentro?

Bueno, y el día que llovía para ver si las mozas se remangaban un poco, ¡para verles el tobillo!, porque iban con la falda hasta abajo.

Los domingos había un baile "de la Parisa", enfrente de la estación, otro de Carcelero (era en la esquina que hay un restaurante chino, entre la carretera de Loeches y el Camino de la estación. Y otro en el Centro obrero, en la calle Puente del Cura. Esos eran los tres bailes que había. Valían 10 céntimos la pareja o una cosa así. Era con organillo. En el mes de febrero se celebraba la Quinta. Los quintos celebraban bailes toda la semana, por las tardes a las cuatro o las cinco, empezaba el baile hasta anochecido. En Carnavales pues también. Yo los llegué a conocer en la plaza. Antiguamente los Carnavales eran en la plaza, sin música. Luego ya empezaron los bailes. Cuando anochecía que habían encendió la luz de la calle (no se veía ni una letra aunque te pusieras debajo de la luz), entonces se acababa el baile ya. Y la gente se tenía que quitar las caretas. Esas eran las diversiones que había..                                 

                                                                                                                                      

  ¿En el Casino de la calle Real había baile?

En el Casino también se hacía baile, igual. Era para los socios. Los que no eran hijos o familia de socios, no pasaban.

Había también un teatrillo viejo y el teatro nuevo que era también cine. Había un paso por el casino para subir.                                                                          

                                                                                                                                          

 

 

 ¿Qué películas mudas ponían?

Ponían películas mudas de por partes. Yo me acuerdo que se conoce que era el que más reía en el pueblo entonces. En el cine antiguo había una grada, que luego, resulta que nos casamos, los dos hermanos con las dos hermanas, iba su padre con las dos en una grada debajo de nosotros. Y a mí si se me acababan los cacahuetes, echaba mano a los de ellos. Eran películas por partes. Y ponían una o dos de risa. Y a mi me decían unos novios que se sentaban al lado: "que ya viene la de risa". Ya estaba yo riendo sin que la hubiera puesto. Yo ya me desternillaba. Todavía me acuerdo de unas que se llamaban Tomasín, que se tiraban los papeles, y salían dos llenos de harina blanca. Aquello era una cosa grande. Y cuando empezó Charlot y Harold. Y aquellas de los coches, que se atravesaba un tranvía, tan pronto corrían para adelante que para atrás, aquellas peripecias, que lo pasabas... Eso era los domingos. Había dos funciones, una por la tarde y otra por la noche. Después era los jueves y los domingos.

Hacían también teatro, venía alguna compañía, o los aficionados. Eso viene de tradición, porque mi padre, que su profesión era músico y cantaba por lo visto muy bien, (yo no lo ví porque precisamente en una función de teatro, sudó, y se le fue la voz, y luego se quedó como el guitarrillo. Le operaron, el doctor Bastos, y fumaba mucho creyendo que le suavizaba la garganta). Cuando estrenaron el teatro en el año 35 o antes, vino orquesta, pero el del piano era mi padre, casi el director de orquesta. Luego también venían bailarinas al teatro. Iba muy poquita gente, iban los hombres, las mujeres no iban. Mi padre iba a tocar, no cobraba nunca, casi hasta le costaba dinero, no sacaba ni para el viaje. Y yo pues me iba con los papeles debajo del brazo, al teatro, y me sentaba a orillas de mi padre, a ver a las bailarinas. Había uno que le llamaban "el tío verde", un hombre muy grandón, un que iba al campo, pero no se iba al campo hasta que no sacaba la entrada, para tenerla seguro, al primer banco que había a orillas del escenario. Antes de empezar le decía este a mi padre:

- "Don Emeterio, toque usted un poco por lo fino"

- Y ya cuando salía la bailarina...

- "¡Hala, levanta un poco la patita!"

Y por alguna fiesta o cosa así, para San Idelfonso que no había colegio (era el santo del Rey Alfonso XIII), pues se traían bailarinas, cupletistas... Vinieron comedias también Carlos Lemos, que murió hace poco, estuvieron más de una semana en el teatrillo.                                                                                                                                                         

 
 
 

 

 ¿Venían títeres para los niños?

Sí, en la plaza había muchos, se ponían las sillas alrededor y venía el del trapecio... Pasaban la bandeja luego.

- "¡Silencio por favor! ¡que un padre no se mata por cinco céntimos!"                                                           

                                                                                         

 

 

No, aquí no venían circos hasta hace poco. Venían también los hombres con un cartel anunciando los crímenes de tal y cual. Venían unas coplillas, por cinco céntimos. Las diversiones pues eran estas.                                                                                    

                                                                                                                                          

 

No. Hubo una banda creo hará ochenta años o más, por lo visto, pero que desafinó mucho, y ya no hubo más.                                                                                          

                                                                                                                                          

  

 

 ¿En la Semana Santa se suspendían todos los bailes?

Sí. Hasta el sábado por la tarde, que resucitaba Jesús. El sábado estrenaban las piezas en los organillos. Para el domingo de Pascua o el lunes, se hacía fiesta también. El lunes, la costumbre era ir a merendar al "Perdido" de la estación, donde está ahora el metro, iban los muchachos a merendar, con un platito con la tortilla o el filetito. Luego para las fiestas el 15 y el 16 y para San Roque venía una banda de música. Pero antiguamente cuando era chico yo me acuerdo que ponían un quiosco en mitad de la plaza y la gente iba a oír la música. Yo tendría cinco o seis años e iba con mi padre a oír la música. Y cuando empiezan a tocar la del "cazador", y dice mi padre:

- "¡Anda mi padre, la que se va a liar!"

Cabalito. El sabía lo que iba a pasar. Y es que cuando estaban tocando, en un momento, suelta una escopeta dos tiros, y entonces de pronto dicen:

- "¡La Guerra! ¡La Guerra!"

Y sale todo el mundo corriendo. Allí no quedó nadie en la plaza. Claro mi padre se moría de la risa porque sabía lo que iba a pasar. Toda la gente salió corriendo.

Luego los encierros se hacían el jueves y el viernes por la mañana, hasta las doce. Se empezaba por la mañana el encierro a las siete, con un toro de aguardiente, a desayunar, y a la capea. Se echaba un toro hasta las doce como mucho, y luego ese encierro le soltaban a las tres de la tarde, hacia la isla. Al día siguiente, el viernes, igual. El lunes era todo el día. Se traían 20 toros. Tenían que hacer por detrás de los toriles, otro, porque no cabían en los toriles. En la esquina del ayuntamiento hacían otro toril portátil de tablones. Y todos los días hasta que era anochecido. A las doce o la una, soltaban el encierro para irse otra vez para la isla. Menos al toro que se escapaba, que metía la cara entre los palos, y se iba. Porque claro, ahora los hierros no, pero por los palos de madera, el que metía la cabeza, daba de sí, y claro que se iba, derecho a la isla.

                                                                                                                                            
  

Del puente de Vallecas muchos, los chulillos. De ahí salió "el cordobés". Cuando se cortaba la plaza, que no pasaba la carretera, era cuando venía el cordobés (tengo por ahí alguna fotografía). Se hacía el encierro por la calle de Enrique Calleja. Entonces se cortaba la plaza con unas puertas grandes de un lado y de otro.                               

                                                                                                                                            

   

 

 Antes de que se cortara la plaza, el tráfico se paraba mientras se soltaba a un toro y a otro ...

Claro. De vez en cuando, cuando había la capea, cuando encerraban al toro, se abrían las puertas por si había un carro, o alguna camionetilla, algún coche que pasaba, cruzaban. Ya se cerraba y hasta que no se soltaba otro, no pasaban. Así le pasó a uno un año. Eran los toros de "Pala". Vino con el camión. Pasó a los toros de tarde. Aquellos toros eran águilas, volaban esos toros, no he visto un toro más rápido. Se descuidó el camionero, y le dio una paliza el toro, que yo creía que lo había matado. ¡Qué va! Al año siguiente vino el hombre con una velita a la procesión de la Virgen para darle gracias. Yo no sé, el toro se cebó con él, y ni tirándole cosas de los andamios hubo manera. Había buenas cogidas aquí. Claro el que le cogían grave le subían a la enfermería en el castillo. Allí si no era muy grave, se terminaba de curar. En la isla era donde se criaban los toros. Tenían allí hierbas... antiguamente compraban puntas de ganado de desecho, los ayuntamientos, y los traían aquí hasta septiembre, y se hacían toros buenos. Esos luego los vendían para otros pueblos. Esa isla era de la Casa Granados, que luego se la regaló al ayuntamiento. Allí se criaban toros, mulas, borricos, caballos... La gente humilde, si tenían un borriquito, lo echaba allí, y se criaba solo y gratis hasta que valía para trabajar o llevar las cosas al campo.                                 

  

  

 

  

¿La mayor parte de los niños no tenían que ir al campo a ayudar a los padres?

No. Los juegos de los niños, las anécdotas mías, dice mi mujer: "Ya estás con lo tuyo".

Yo vivía en San Roque, a orillas de San Roque, y me bajaban al colegio. En verano, si bajaba llorando, me decían: "¿Gregorio no lleva pepino en los bolsillos!". Qué se comía, pues el jornal del obrero en aquella época, venía costando casi lo que valía una arroba de vino, de cuatro a cinco pesetas. A los obreros entonces les llamaban "criados" aquí, lo mismo que a las criadas del servicio. Luego venía el mayordomo, que era el jefe donde había cuatro o cinco obreros.

Y comer, pues entonces ¿qué valía?, mi mujer que fue panadera os lo puede decir, ¿qué valía el pan? : "pues 15 céntimos un pan de un kilo." Luego subió ya mas tarde a cuarenta céntimos el kilo. Había un Alfonsino que eran 15 céntimos el cuarto de kilo. Hacían también por la mañana unas barritas de 5 y de 10 céntimos. eso fue antes de la guerra.                                                                                                                      

 

 

¿Dónde estaba la panadería?

Donde está la Caja de Ahorros, en la Plaza. Allí nació mi mujer, y allí estuvimos viviendo hasta el año 71 que nos vinimos aquí. Porque el padre de mi mujer estaba a medias con un señor, pero aquello se acabó cuando se murieron. Allí estuvimos nosotros unos pocos años y ya hicimos nuestra casa aquí y nos vinimos.                                                                                                                                                                                   

 

¿Lo normal era que los niños dejasen de estudiar a los 11 o 12 años...

Sí. La mayoría se buscaban la vida en el campo. Aquí industria no había ninguna, salvo la fábrica de la azucarera que empezó en el año 1900. La campaña empezaba en noviembre hasta primeros de febrero. Si había buena campaña, allí se empleaban alrededor de 400 o 500 personas. Yo estuve trabajando en la oficina. La mayoría eran de Arganda. Luego había los obreros fijos que se quedaban durante un año para reparaciones y cosas así, eran alrededor de 100. Todos ellos trabajaban en la fábrica. Los obreros del campo tenían que llevar la cosecha allí. La azucarera daba la semilla y luego lo descontaba cuando se entregaban los salarios. Pero obreros que trabajaran en la industria eran esos.

Había otra industria pequeña que era la alcoholera. Estaba aquí, en Juan de la Cierva. Ahí habría ocho o diez obreros fijos todo el año. Sacaban desperdicios de la uva, que llamábamos "la casca". Luego eso lo quemaban y hacían el alcohol.     

                                                                                                                                         

¿Luego lo vendían?

Era una sociedad de los labradores. Se lo repartían según la cantidad que cada uno entregaba. Luego, si había un sobrante pues lo vendían pero la mayoría se lo llevaban lo labradores, los que eran socios. Ese alcohol entonces se echaba al vino en el trasiego, que se hacía en el mes de febrero. Cuando el vino de los cocederos estaba claro, entonces se bajaba a las cuevas para conservarlo hasta que se vendía en verano. Se hacía con una "Java" (máquina de trasiego), o con pellejos. Lo primitivo era hacerlo con pellejos. Eso lo hacían los que se dedicaban a trasegar, eran tres o cuatro hombres. A cada uno se le echaba como mucho cuatro cubos de vino, que venía a ser como dos arrobas de vino. Tres, cuatro, según flamenco fuera y fuerte. Se los echaba a la cabeza y agarraba la mano a la boca de la tinaja, soltaba la mano, y echaba hasta que se llenara, ese era el trabajo de los trasegadores. La costumbre era que a media tarde se hacía una merienda para ellos, como parte de su jornal. La merienda típica eran judías con chorizo, un panecillo y una naranja, y vino pues lo que quería cada uno.  Eso era por la tarde antes del anochecer. Después de la merienda ya casi no se trasegaba, se recogían los tiestos, se cerraban bien las llaves, se recogía o se limpiaba un poco, y ya pues a casa.     

                                                                                                                                         

 

 

Entonces había varios molinos particulares. La aceituna se cogía y se llevaba allí. No se pesaba. Allí había unos atrojes, casi tan grandes como esta habitación, y tu ibas todos los días y cuando volvías del campo, lo volcabas allí, ese atroje era para ti. Hasta que te decían, "mañana vamos a moler tu aceituna, ha dado tanto de aceite", y adiós, que te vaya bien.                                                                                                                          

¿Y te lo creías?

Claro. Hasta que viendo que aquello no funcionaba, se reunieron unos labradores, entre ellos mi padre, (que fue el primer tesorero de la cooperativa aceitera) y se hizo la cooperativa aceitera. Se compró ese molino, el que está en la carretera de Vilches, a Doña Luisa Maitires. Era un molino más moderno, pero yo no sé si lo llegó a usar esta señora, yo no me acuerdo de verlo funcionar. La gente que tenía su molino particular dijeron que iban a ir a la ruina los de la cooperativa, y los que fueron a la ruina fueron ellos. En tres o cuatro años desaparecieron. En los molinos particulares te daban 13 libras por los 100 kilos de aceitunas. Yo me acuerdo que teníamos bastantes olivas y cuando nos daban el aceite pues siempre se quedaban con dos o tres kilos para pagar el molino, los gastos, etc. Había tres relevos para el molino. Por Reyes empezaba ya la aceituna y duraba hasta el mes de Febrero. Casi mes y medio. Aquello fue después del 31, durante la República. Les llamaban los de "la Sociedad de la grasa". Luego estaba el molino de Cecilio, que estaba donde Santa Teresa y todo eso. Había otro de Don José Alonso, que estaba en la calle de la Amargura, nosotros éramos sus clientes. Pero aquellos molinos se terminaron. Todo el aceite de la cooperativa se quedaba para los socios, salvo los gastos de producción. A primeros de año se hizo un atroje que iba desde la misma entrada de la carretera hasta donde esta la casilla. Habría allí siete u ocho millones de kilos.                                                                                               

 

 

Los socios se los llevaban a su casa y ya luego lo vendían cada uno en su casa. Nosotros nos llevamos el aceite y luego utilizábamos de ese aceite para el vino cuando se trasegaba, para tapar las tinajas en la cueva. Llegaba el vino hasta arriba y luego se le echaba a cada tinaja como dos o tres litros de aceite y con eso se quedaba cerrado herméticamente. Luego se quitaba con un platillo que tenía cuatro agujeritos un poquito más hondos claro, se recogía, se echaba a un caldero, y ese aceite no se tiraba. Se utilizaba para los candiles, todavía no había luz eléctrica. Para hacer jabón también se utilizaba, se ponía sosa, agua y aceite. Yo me acuerdo de hacer jabón con mi abuela y me decía:

-"coge un sarmiento y vete conmigo".

-"Para qué abuela"

-"Tú cógelo y ven"

Antiguamente las casas de labor tenían su alquitara donde hacían el aguardiente para el consumo. entonces en un cacharro grande se echaba la sosa, el agua y el aceite, y se movía con un palo. Y yo le decía a mí abuela:

-"¡abuela pero ¿y el sarmiento?!"

-"Bueno, tu no te apures, ¡mételo ahora! Todavía no se sujeta".

Y ya venga a darle vueltas hasta que cuajaba, ponías el sarmiento y ya se quedaba quieto, derecho. Entonces estaba hecho el jabón. Luego se volcaba en unas latas cuadradas, partidas, y cuando estaba duro, se cortaba con un alambre. Era lo que se usaba para lavarse, fregar, todo.                                                                                                                                                                                                                             

 
 

Después de la Guerra. Antes había que ir a las fuentes.                                                 


 

¿Quién iba a las fuentes?

Iba todo el mundo a por el agua. Yo me acuerdo cuando era chiquitajo que íbamos al colegio este de las monjas. Había una fuente en medio de la calle, donde está la de los siete caños ahora. Luego esa fuente la llevaron a la estación, cuando hicieron esta que está ahora. Cuando bajábamos corriendo del colegio, muchos caían de cabeza a la fuente. Cuando se hizo la de los siete caños y el abrevadero (la hizo el tío Daniel Borrego, que fue picadero, que hizo también los pilares de hierro del puente de Arganda. Era de Salamanca, vino a hacer eso y ya se quedó aquí.) Estaba la fuente nueva (yo me crié con ese agua), la fuente de Leganitos, la fuente del Pilar (el agua pasaba al pilar, que era como un estanque de piedra a donde iban las mujeres a lavar). Había dos lavaderos, luego había otro en la fuente nueva. También estaba la fuente del Ave María. Bueno la fuente del matadero casi siempre estaba cerrada porque la utilizaban los del matadero para ellos. Estaba también la fuente de la estación. En el campo había una docena de fuentecitas también. Estaba la del Valle, la de Valdeperdices, la fuente de la Becerra, la fuente del Pozo Paredes. Pero Valtierra era el agua más fina. Todas las cosas que se criaban en la vega de Valtierra eran más finas que las de Vilches. Las judías, las patatas... Yo he vendido patatas a quince céntimos dos kilos, y a quince céntimos el kilo de judías, eso cuando tenía seis o siete años. Entonces se sembraba la patata del segundo esquilmo. Nosotros teníamos dos terracitas en Valtierra y se sembraba cebada, para las gallinas y se tenía un caballo. Eso se segaba pronto, luego ya se sembraban judías, patatas y maíz. en las caceras también se sembraban unas matas que eran para hacer escobas, "escobas finas" se llamaban.                                                

                                                                                                                                       

 

 

Casi, casi la conocí con cubierta, porque cuando se hacía la celebración del domingo de Pascua, se iba a la ermita de Valtierra, a la pradera que había, para la merienda, y cuando yo iba de pequeño casi estaba cubierta. Aunque ya no quedaban nada más que las paredes, me parece. Es una lástima. La de Vilches la conocí también con cubierta.                                                                                                                                       

 

 

 ¿Era de la Casa de Vilches?

No sé si la ermita, pero todos los alrededores eran de la Casa de Vilches. Tenían una bodega grande allí. Mi abuela iba con los dueños, tenían muchas fincas, allí hacían el vino. Lo mismo que el de la Casa del Rey, tenía bastantes terrenos, por eso tenía la bodega allí también. La costumbre era que por la mañana los obreros iban a las casas, a cobrar el jornal y a "echar el vino". Se les daba el "vino de aguas" (que tenía algunas veces 11 grados), y si sobraba, se vendía en el verano por medias cuartillas, o cuartillas, y una horterita de propina. Siempre a medio día se vendían unas tinajas de ocho o diez arrobas a diez céntimos los dos litros, eso era la media cuartilla. Entonces los obreros echaban el vino, cobraban el jornal, y a las ocho al campo, y luego cuando venían por la tarde se llevaban los sarmientos que habían podado a las casas, los tintos, porque las cepas blancas se los llevaban para ellos. Y los cepitos que cogían se los llevaban para las lumbres de las casas. Era un fuego bajo, se cocinaba todo a fuego bajo, en pucheros de barro o de porcelana u ollas de hierro blanco (de esas hemos tenido hasta hace poco nosotros, que eran sólo para calentar agua). Las comidas pues eran judías, garbanzos, patatas, carne poca, y pollo, pues el que tenía un patio criaba gallinas y pollos. Como lo de los pollos tomateros.                        

Cuando llegaba la función, venían los pollos tomateros que decían:""¿la función viene. Tomates venden. Triste de mí!" Entonces se hacía el pollo frito con tomate. Para Noche Buena era la gallina en pepitoria, la sopa de almendras (sopa de leche con pan y almendras) y la ensalada de granada (la granada de Granada, con vino y algunas veces se le echaba azúcar).                                                                                                  

                                                                                                                                          

 
 

Poca. Pero sí, siempre había alguno que tenía algún cerdito y lo mataba. Le hacía la matanza gente humilde, y con el cerdito los ayudaba porque tenían para ellos y luego el sobrante, que hacían morcilla o cosas de esas, lo vendían en una tabla en la plaza. Pero ya sale más barato comprarlo.                                                                                        

                                                                                                                                          

 

 

 Los comercios que había, estaban todos aquí en la plaza ...

Sí. Eran tiendas. Mi mujer que vivía en la plaza, te puede decir toda la gente que vivía allí. A ver, desde tu casa, la panadería, una tabernita, Pastrana el barbero, el tío Castellanos (que era otro bar, otra tabernita), el tío Pelote, una puerta cerrada que no sabíamos quien era, Dones en la esquina, en la otra esquina el tío Jacinto (que era otra taberna), el señor Oreja (que era también un herrador y veterinario), los toriles (que era donde estaban los medidores), los soportales, los Fuentes ( tienda de ultramarinos), el tío Olivares (carnicería), la otra esquina era la panadería de los castilla, la pastelería, la estufa-bar (de los colchoneros), otra taberna (del tío Manolo Gallo), la taberna de Carcelero, y en la misma esquina, una mitad era del tío Joaquín (el choricero) que tenía una tiendecita de embutidos. Todo eso había alrededor de la plaza y el ayuntamiento. En los colchoneros pusieron la primera gasolinera que hubo.                                        

                                                                                                                                         

 

Venían de todas las gentes sociales. Me acuerdo que cuando íbamos al río, venía en una moto con sidecar, con cajón, ¡los primitivos de Ilsa! De aquellos helados Ilsa, que había antes que el Danone y todos esos, los Ilsa venían a vender. Se llenaba todo eso de gente de Madrid.                                                                                                            

                                                                                                                                        

 

A veces sí y a veces mo. Un año me acuerdo que hubo una pelea a pedradas. No sé porqué sería. Yo donde me bañaba más con Ramón (le llamaban Ramón el ancho), me iba al campo con él, y cuando llegábamos a la viña de Valdocarros (que estaba a menos que de aquí a la plaza), le decía:

- "Ramón, ¿Cuando nos vamos a bañar?"

- "¡Qué no nos deja tu padre!"

- "¡si mi padre no nos ve desde aquí!"

Entonces en día, nos fuimos a bañar, yo no sabía nadar. Era en el mes de Agosto y pasaba bastante agua, más de una cuarta de agua por la presa. Entonces fuimos a pasar al otro lado, y cuando llegamos por mitad de la presa, se me fueron los dos pies y ¡cabalito!, Gregorio con la barbilla en el cemento, y digo:

- "¡ Parece que no me ha pasado nada!"

- "¡Levanta la cabeza. Hay madre, que se te ven los sesos! ¡Vámonos! ¡Me has arruinado. En cuanto nos vea tu padre me despide!"

- "¡Pues yo me baño!"

Me bañé con un pañuelo puesto. Llegue con mi caballo, llego allí a San Roque, meto el caballo, me ve mi padre y me dice:

- "¡Qué te pasa!"

- "Que me he enredado con un sarmiento y me he dado con una piedra"

- "¿Es verdad?"

- "¡Claro que sí. A ver como va a ser!"

- "¡Paco ven a curar a éste!"

Por la tarde, la costumbre del verano era echar el vino del criado y cobrar el jornal para el día siguiente madrugar. Claro, yo por la tarde echaba la siesta. Se ponían en el patio las mujeres que cosían. Yo me puse detrás de la cortina y veo que subía Ramón, nos habíamos puesto de acuerdo, entra y dice:

- "Buenas tardes"

- "Buenas tardes"

- "Oye Ramón, ¿qué le ha pasado a Gregorio?"

- "Sí, ¿qué tal está?"

- "Bien, no tiene nada. ¿Pero cómo ha sido?"

- "Pues que según íbamos entrecavando, se ha enredado con un sarmiento y se ha dado con una piedra"

- "¡Pero esa es la verdad!"

- "¡Qué sí, señor!"

Al otro le temblaba la blusa... ¡echó el vino y salió corriendo! Pues se murieron, y a mi hermano Paco, que se ha muerto hace tres años, tampoco le dije cómo fue lo de la cicatriz.                                                                                                    

                                                                                                                                         

   
 

Sí. De muchacho iba corriendo. Bajábamos al río y luego pues subíamos andando o en el tren por cinco o nueve céntimos. El mejor sitio que había se llamaba el "hoyo de las mulas". Estaba un poco más abajo del puente. Había una pradera hermosa, grande y el río. La gente venía de Madrid, los domingos había un tren especial para la gente que venía al río. Había otro sitio que era la presa. Era de Valdocarros. En aquella época había bastante agua y unos peces riquísimos, y anguilas.                                            

                                                                                                                                         

 

 ¿Se pescaba también?

En el verano, desde este tiempo hasta el mes de Septiembre, había tres o cuatro cuadrillas que vivían del río. Desde las Juntas, que es donde se junta el Manzanares con el Jarama, hasta Velilla o más arriba. Iban con redes. Cortaban el río con las redes y al final ponían unos butrones que eran como unos trozos de red, y cuando hacían la muerte, iban arrimando una red a otra y ahí se iban metiendo los peces. Sacaban muchas veces 20 y 30 banastas de peces. Luego ellos se iban en la madrugada, a las 12 de la noche, salían con caballería a la Plaza de los Mostenses de Madrid. A las 7 de la mañana ya estaban allí. Cuando llegaban los peces del Jarama, no se vendía otro pescado. Era lo más fino que había, las anguilas sobretodo. Yo anguilas cogía bastantes, porque el criado que tenía había sido de chico pescador, con su padre. Entonces íbamos a donde había bastante agua y con una cuerda con una piedra atada a un lado y a otro, colgábamos cuerdecitas pequeñitas con el anzuelo y el cebo, cinco o seis. Esa cuerda se tiraba y para sacarla se llamaba "la rastra". Se cogía una rama de un almendro, se tiraba, y como tiene muchos pinchos, se quedaba enganchada la cuerda, y se sacaba. Siempre salían un par de anguilitas, para hacerlas con patatas venían muy bien.                                                                                                                                                  

 
 

Sí, eran igualas, y aquí era médico Don José Alonso y don Tomás. Luego vino don Antolín, luego mi hermano, que cuando terminó la carrera se quedó también aquí hasta que terminó la Guerra, entonces se quedó sordo, e hizo lo de Odontología. Empezó aquí pero ya después se fue a Madrid. Luego venían los sábados y los domingos, pasaba consulta, y estaba él solo de odontólogo. Más tarde vino otro de Madrid, un Torres, y Dañino también venía, don Gregorio vino después (estuvo aquí mucho tiempo, hasta que se jubiló casi.)                                                                                                      

                                                                                                                                        

 

 

 Los más pobres tenían el Castillo...

En el castillo estaban los asilados, allí vivían casi de la misericordia, de lo que daba la gente de donativos, de ropas, y de comida. De eso vivían. Siempre tenían allí unos cuantos asilados. Había un médico titulado del ayuntamiento.         

                                                                               

Sí. Ya empezaron a roturar ahí. Pero los primeros años que se empezó a roturar allí, las siembras no valían de grandes. Claro aquello después de haber criado tantas reses tenía mucho abono. Luego ya se hicieron parcelas y para cada seis o siete se hacía un pozo, a dos metros tenías el agua allí. Tenía un riego al año, la isla, del Caz que pasa. Ese Caz venía de la presa que pasaba a la finca del Porcal y ese paso tenía una vez al año y la utilizaban para regar el Soto.